El campamento (primera parte)

31/10/2016

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Alvaro Umpierrez @Uruguayos.es| ¿Cómo hacer que los vientos cambien a tu favor?

Era el día de la reunión, padres, niños, el organizador y nuestro protagonista estaban reunidos en la sala de reuniones del colegio.

El objetivo era la presentación formal del joven que se haría cargo de la seguridad de los niños.

Antonio, el organizador y jefe del joven, procedió a presentarlo:

‘Buenas tardes madres y padres, él es Mauricio, es el chico que se encargará de velar porque todo salga bien en el campamento y que sus hijos disfruten de una buena experiencia. Una vez presentado y tras los saludos correspondientes, Antonio invitó a madres y padres con unos aperitivos y pidió a Mauricio que hiciera el primer contacto con los niños.

Mauricio era un chico joven, pero muy listo, conocía bien a su jefe y sabía que debía estar en alerta porque éste solía ponerle en aprietos así que mientras conversaba amigablemente con los chicos, dirigía un oído hacia a las conversaciones que  se sucedían en la mesa contigua. Es así que escuchó a una madre:

‘A mí me gustaría que Mauricio le sacara fotos a mi hijo en todas sus actividades’.

Y a continuación a Antonio: ‘No va a tener ningún inconveniente, Mauricio llevará un móvil de última generación para enviar fotos a cada momento’. Antes de haber podido concluir el resto de madres y padres comenzaron a lanzar sus exigencias:

‘Mi hijo tiene la costumbre de que le den la mano al andar por lugares que no conoce’.

Y Antonio respondía: “Mauricio es muy bueno, él lo acompañará de la mano cada vez que lo necesite”.

“Mi hijo es torpe y se cae cuando anda por el campo, no quiero que se lastime”.

Y el organizador volvía a responder: “Mauricio cuidará de tu hijo”.

“Yo también quiero que me manden fotos de mi hijita antes de dormir”.

“Y yo quiero que me mantengan informada de si está divirtiéndose”.

A cada exigencia nueva  el empresario no dudaba  en decir que Mauricio la resolvería.

Mauricio sin perder la calma y con una amplia sonrisa en su rostro pidió cortésmente participar de la reunión. Todos quedaron enmudecidos por unos segundos. El joven comentó jocosamente para romper  el  tenso silencio: “Mi jefe ha pronunciado tanto mi nombre que ya temo que haya vendido mi alma al diablo”. Todos rieron, menos Antonio, que lo miró fijamente.

Mauricio ignorándolo, preguntó:

¿Podrían indicarme cuales son aquellas tareas que ustedes consideran que debo cumplir y por las cuales fui contratado?

Así, el joven, escuchó sin interrupción una por una cada pedido y cuando terminaron alentó a pensar en alguna más que pudiesen estar olvidando. Una vez agotadas las peticiones de los padres, Mauricio continuó:

Quiero hacerles otra pregunta ¿Quién se encargará de supervisar la seguridad de sus niños?

 Y continuó, en los campamentos, los niños  se suelen dividir en grupos y en cada grupo hay niños del mismo colegio y de otros colegios para interaccionar y aprender a convivir. Se puede quintuplicar la cantidad de niños y se dispersarán  por todo el recinto y yo deberé estar corriendo de punta a punta para sacarles la foto que deje constancia a las madres de cada actividad, esa condición afectará a mi supervisión de las instalaciones y a la seguridad que requiere cada actividad, por eso les vuelvo a preguntar:

¿Quién se encargará de la seguridad?

Yo lo veo de las siguiente forma, a mí me contratarán por un servicio, y me comprometeré a cumplirlo, si el servicio es el de mantenerles informados a cada momento por cada niño, eso es lo que haré, pero comprenderán que no podré estar al cien por ciento para la seguridad de los niños.

¿Acaso alguien de ustedes es humanamente suficiente para responsabilizarse de tantas tareas sin fallar en alguna?

No obstante, les vuelvo a recordar que si su deseo es que les mantenga reportándoles cada pequeña anécdota, me comprometo recorrer todo el día de punta a punta el campamento.

Una vez más los padres rieron y una madre intervino: Preferimos que te asegures de que los servicios y actividades estén en las condiciones adecuadas y ya cuando tengas oportunidad saques algunas fotos.

 Mauricio agregó: Les propongo lo siguiente, haré fotos de las actividades, saldrán algunos de sus hijos y otros obviamente no, y una vez al día les haré una foto grupal en distintos lugares del campamento. De esa forma, sabrán que todo marcha sobre ruedas y que todos sus hijos están sanos y felices.

En ese momento, una madre dijo: Pues yo preferiría que te dedicases a sacar fotos a todos.

Pero el resto de padres aunaron sus voces: “No, para nada, tu prioridad Mauricio ha de ser la seguridad de nuestros hijos”.

Analicemos los principios empleados por Mauricio:

Mauricio es previsor, es decir, un observador de los hechos. Ha recopilado información sobre el perfil psicológico y conductual de su jefe y del ámbito en el que se mueve.  (Principio de observación).

Fue presentado y relegado a un segundo plano durante las negociaciones,  no ofreció resistencia, por el contrario, fluyó con la situación y esperó para evaluar correctamente los acontecimientos y saber cuándo intervenir. (Manejo del ritmo y  evaluación).

Creó la oportunidad para interrumpir la conversación y aplicó el humor, un recurso característico de la Diplomacia (principio de oportunidad y diplomacia).

Reorganizó el sistema de valores con el cual el grupo estaba tomando las decisiones. (Principios morales).

Mostró la vulneración de la seguridad con los nuevos valores establecidos. (Principio de seguridad  y Principio del poder a través de la utilización del miedo).

Sugirió una alternativa a la rutina y delegó la responsabilidad de las decisiones y consecuencias en mano de los protagonistas. (Principio de Rutinas y de Poder, generar miedo a los potenciales riesgos y satisfacción por seguir los protocolos propuestos).  

Esta historia esconde una segunda lectura, ¿Por qué se estaba batallando realmente?

Los padres alimentaban una ilusión en común y Antonio la reforzaba a costa de delegar toda responsabilidad en Mauricio, y el joven por su parte creó  estratagemas que le permitieron una mejor posición.

¿Y funcionó para Mauricio?

Queda claro que  la duda  hizo mella en la mente de los padres y eso fue suficiente para que el joven influenciara en las decisiones de la comitiva.

Hay un detalle más de la historia, y es que esconde un principio fundamental. ¿Sabes cuál es?

 

Alvaro Umpierrez

 (Delegado de la UCNME).  Instructor de ninjutsu.

 Autor del libro: Del conflicto a la Paz (Guía práctica para solucionar problemas)

 

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